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Apicultura en Tlalpan

 

 

A unos pasos de la carretera federal a Cuernavaca, en los límites de los pueblos de San Andrés Totoltepec y la Madgalena Petlacalco se encuentra el fraccionamiento Tlalpuente, el cual es un oasis urbano que apela a una vida rural, tranquila y responsable con el medio ambiente a menos de cinco kilómetros del centro de nuestra Alcaldía.

Tlalpuente es un fraccionamiento habitacional de 154 hectáreas y es la única colonia en Tlalpan que tiene la categoría de ZEDEC o Zona Especial de Desarrollo Controlado, debido al cuidado de las características físicas del suelo –conformado casi en su totalidad por los derrames basálticos del Xitle- y la alta precipitación típica de la zona, por lo que el mantenimiento de los elementos naturales del espacio es la consigna primordial para los habitantes de la colonia.

bosque

Concebida y fundada a finales de la década de 1980, Tlalpuente mantiene rígidas normas ecológicas y de construcción, que entre otras cosas obliga a que los predios no sean menores a 5,000 metros cuadrados –equivalentes a media hectárea- en los que solamente puede existir una construcción de 350 m2 en su totalidad, promoviendo un amplio número de áreas verdes y espacios propicios para la infiltración del agua de lluvia, al mismo tiempo que se respeta y conserva el ecosistema de pino-encino característico de la región.

Además, el esfuerzo vecinal ha logrado consolidar nuevas reglas en torno al aprovechamiento y reutilización del agua pluvial, el impacto del alumbrado público, la utilización masiva de materiales permeables para los caminos, una estricta separación de residuos y toda una serie de especificaciones que han permitido la conservación de la categoría de ZEDEC y como Unidad de Mejoramiento Ambiental por parte de la SEDEMA.

hombre haciendo apicultura

Congruentes al estilo de la colonia, algunos vecinos de Tlalpuente contactaron con el apiario El Encanto, encabezado por el señor Miguel Rivera, quien desde hace poco más de un año ha instalado cerca de 15 colmenas en diferentes puntos del fraccionamiento, las cuales han prosperado notoriamente.

Una nublada tarde de finales de mayo visitamos algunas de las colmenas de Tlalpuente, en donde don Miguel y sus colegas Daniela y Tamara se encargan de inspeccionar, cuidar y dar seguimiento para la cosecha de las diversas colmenas que los vecinos han instalado.

frasco de miel

Primero visitamos un jardín en donde están las cajas de apis mellífera de Juan, uno de los colonos quien se enteró de esta iniciativa a través de sus vecinos. Una vez preparados con nuestros velos y equipo de protección, Juan sacó su ahumador y nos llevó a sus colmenas, las cuales están estratégicamente ubicadas fuera del alcance de los numerosos cacomixtles y tlacuaches, animales muy afines al dulce trabajo de las abejas.

Las cajas habían sido recientemente cosechadas, logrando varios litros de miel, mientras que una trampa ubicada en la parte inferior de los cajones donde viven las abejas guarda parte del polen que estos insectos recolectan, el cual dependiendo de la temporada, tipo de flor y ubicación de la colmena puede ser blanco, gris, naranja, rojo, rosado o café –lo cual también denota su variabilidad nutrimental. En este caso, Juan nos mostró un frasco con cerca de 400 gramos de un polen predominantemente amarillo con tonos blancos, naranjas y rosas.

abejas en tabla de apicultura

Una de las tareas más importantes del equipo de El Encanto es buscar y combatir la varroa, un ácaro que se monta en las espaldas de las abejas, minando su producción e inclusive capaz de destruir las colmenas. Afortunadamente, en este caso las colonias estaban sanas.

Una vez terminada este primer par de cajas, pasamos a ver unas colmenas ubicadas a unos 500 metros de ahí, en medio de un terreno con ciruelos rebosantes de fruta, los cuales seguramente fueron polinizados por las miles de abejas que contiene cada panal. La colocación de alimento –agua con azúcar, aunque también pueden ser tortas de proteína- al lado de las piqueras o entradas a la colmena es otra de las tareas fundamentales de los integrantes de El Encanto, ya que eso ayuda a abastecer a las abejas si no hay suficiente floración o cuando la lluvia deslava el néctar de árboles y flores que ellas consumen.

Conforme avanzaba la inspección, las nubes se cerraron y los primeros truenos se escucharon cerca, pero el trabajo del apicultor no se detiene ante las inclemencias del tiempo, por lo que pasamos a la siguiente locación. En este caso, las colmenas están colocadas en los extremos de un pequeño huerto, lo cual trae excelentes rendimientos ya que las abejas de cierta manera se asocian con los cultivos, lo que permite tanto la producción de frutos como la prosperidad de la colmena. A pesar de la lluvia y el humo utilizado para disuadir el ataque, la revisión de una de estas colmenas puso en evidencia la maestría de don Miguel, quien sin inmutarse ante los cientos de abejas que revolotearon alrededor de él, salió indemne de la colocación de nuevos bastidores y de la revisión general de las cajas.

Con la lluvia y la tarde ya bien entrada, el ambiente refrescó notoriamente y el vaho salía de nuestras bocas mientras avanzábamos hacia las siguientes cajas. Después de un par de paradas para entregar miel de las colmenas de El Encanto, ubicadas en los terrenos en Xochimilco, Milpa Alta y otros estados de la república, continuamos nuestro camino para revisar las cajas y asegurarnos de su progreso.

En un jardín logramos ver una de las colmenas más fuertes y trabajadoras de todo Tlalpuente. A pesar de que eran cajas relativamente nuevas, con menos de un año de antigüedad, esta familia encabezada por la reina había logrado no solo opercular –es decir, cerrar positivamente las celdas que contienen larvas- casi la totalidad de los bastidores, sino producir más de quince litros de miel en apenas unos cuantos meses.

Ubicadas lado a lado a la sombra de manzanos, perales y durazneros, las últimas cajas las revisamos al abrigo de la lluvia. Estas jóvenes colmenas estaban casi listas para la colocación de “alzas”, cajas de aproximadamente la mitad del tamaño de la colmena principal en donde se ubican los bastidores que almacenan la miel, la cual es parte de la reserva alimenticia de la colmena. Además pudimos extraer cerca de un cuarto de kilo de un polen predominantemente blanco, y el cual es muy apreciado por su alto valor nutricional, aporte proteínico e inigualable sabor.

Conforme empezaba el atardecer y la lluvia iba y venía, terminó el trabajo en Tlalpuente para los integrantes de El Encanto, por lo que nos despedimos de nuestros anfitriones, esperando el momento de regresar en unos meses para cosechar, probar y envasar la miel que se prepara en estos momentos.

Después de unos minutos entre veredas sinuosas, regresamos de un plumazo a la ciudad, llena de automóviles, ruido y construcciones continuas que resaltan ante la quietud y tranquilidad que acabábamos de dejar atrás.

Antes de culminar, vale la pena resaltar el trabajo artesanal y de alto valor que conlleva el oficio de apicultor, quienes más allá de trabajar codo a codo con las abejas, facilitan la reproducción de miles de especies vegetales que son fundamentales, así como preservar y difundir otras especies de abejas más allá de la conocida apis mellifera, por ejemplo, las abejas meliponas, las cuales no tienen aguijón, tienen colonias más pequeñas y son nativas del continente americano.

Si quieres colaborar con las abejas y los demás polinizadores mucho menos conocidos que existen en Tlalpan, no es necesario tener un jardín. La siembra y cuidado de plantas –de preferencia nativas- y hierbas que florean anualmente, como la lavanda, begonia, margarita, clavel, albahaca, romero y tomillo no solo van a ayudar a embellecer y decorar tu casa o departamento, sino que van a servir para atraer y ayudar a mantener cientos de especies de abejas y toda clase de insectos y animales.

Finalmente, debido al avance urbano y la transformación de los espacios naturales, en las últimas décadas el trabajo de los apicultores se ha concentrado en las alcaldías con suelos de conservación ecológica como Tlalpan, lo que demuestra la necesidad de proteger estos espacios que no solo mejoran la calidad del aire, ayudan a la recarga de los acuíferos y conservan la biodiversidad endémica de la Ciudad de México, sino que son los últimos reservorios en donde el antiguo oficio de la apicultura resiste en la capital.

Agradecimientos especiales a Juan Munguía y demás vecinos de Tlalpuente por abrirnos las puertas de sus hogares y en especial a don Maiki, Dani, Tam y Gabriela por compartir sus saberes y experiencias con las abejas.

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